La historia del vino argentino está muy vinculada con la etapa de la conquista. Los colonos españoles fueron los que trajeron sus prácticas agrícolas relacionadas puntualmente con la vitivinicultura, y con ellas los saberes ligados a la vid y su cultivo.
Los primeros registros de presencia de la vid en la región sudamericana se remiten al siglo XVI: promediando esa centuria llegaron especies de vid a Perú (Cuzco). De allí, pasaron a territorio chileno y los textos de historia de la vitivinicultura argentina indican que luego se introdujeron y propagaron por las zonas noroeste, oeste y centro de nuestro país.
Por otra parte, la leyenda del vino argentino está vinculada con dos consumos y usos iniciales: el de los soldados –que recurrían a las pasas y al vino por su condición calórica-; y el de los misioneros católicos, que cultivaban la vid cerca de los monasterios para tener vinos para la misa y demás celebraciones religiosas. De hecho, los miembros de la orden jesuita destacaban los vinos de Cuyo por su fortaleza y generosidad, y por su capacidad de viajar largas distancias sin arruinarse.
Las áridas tierras de las provincias de San Juan y Mendoza fueron el foco donde se localizaron los viñedos iniciales, allá por los años 1570 a 1590. Con el tiempo esas primeras experiencias de producción de vino darían lugar al poderoso despliegue de la vinicultura argentina, haciendo que esas regiones semidesérticas se llenaran de verde y de vida.

Historia de la Vitivinicultura Argentina

En esas provincias lindantes con la cordillera de los Andes, el clima y las adecuadas propiedades del suelo hicieron que la actividad despuntara y tuviera un desarrollo bastante veloz, al punto que la historia del vino argentino indica que ya para comienzos del siglo siguiente la producción fuese lo suficientemente importante como para salir a buscar nuevos mercados –básicamente Buenos Aires-.
El año 1853 marcó un hito para la historia de la vitivinicultura argentina: mientras la Constitución nacional le daba un nuevo marco organizativo al país y arribaba el ferrocarril con su empuje transformador, se fundaba en el país la escuela de Agricultura y se dictaban leyes de tierras y aguas que condujeron a la formación de colonias. Muchas de ellas fueron conformadas por europeos que traían al país su conocimiento técnico para el manejo de los viñedos y también variedades de vid para elaborar productos ya de mayor calidad (vinos finos).

Cuando el siglo XIX arribaba a su fin, por otra parte, empezaron a usarse barriles de madera a gran escala. Ya por entonces el ferrocarril llegaba a Buenos Aires y Mendoza se transformó en el centro vitivinícola clave del país, aunque en otras zonas –San Juan, La Rioja, Salta, Catamarca- también se evidenciaban desarrollos relevantes.
Inicialmente en el país se cultivaban las variedades de uvas criollas –tintas y blancas-. Pero en 1860 llegaron las primeras uvas malbec al país –concretamente a Mendoza, donde se creó la primera escuela de vinos-. Luego, con los años fueron llegando otras cepas como cabernet, chardonnay, merlot, semilion y pinot.

Leyenda del vino argentino

Durante la primera etapa del desarrollo de la vinicultura en el país, la producción se orientaba mayormente hacia el mercado interno. El típico vino común de mesa se instaló como un ícono de las reuniones de las familias argentinas y llegó incluso a configurar una suerte de marca identitaria. La caída del consumo per cápita llevó a una crisis a comienzos de la década de 1980, que se tradujo en la pérdida de amplias tierras de viñedos. En parte esa producción se recuperó una década más tarde, pero ya con variedades de uva más sofisticadas en un contexto donde el consumo promedio había caído notablemente en el país.

Hoy la Argentina es un importante productor de vinos, con productos reconocidos mundialmente por su calidad y con más de una escuela de vinos. En 2019 nuestro país exportó casi 313 millones de litros, una cifra 13,3% superior a las ventas de 2018. De ese total, el 61% fueron vinos fraccionados, y el 39% vinos a granel. Con respecto a las categorías, el 67,5% de lo exportado correspondió a varietales.
A nivel de consumo interno, durante los diez primeros meses de 2019 el vino creció 1,4%, en un contexto en el que otras bebidas –como licores, gaseosas y cervezas- experimentaron caídas.

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