Cocinar Comidas con Vino

No se trata solamente del famoso maridaje -esto es, de la combinación de una buena comida con un buen vino-. Es sabido que el vino también se usa para cocinar, es decir, como un ingrediente más de la gastronomía que en ocasiones –cuando se lo sabe elegir y utilizar- pone un toque de distinción exacto, colabora para realizar una serie de funciones y se presenta como un fantástico recurso para el buen cocinero.

Pues bien: aquí van algunos tips para cocinar comidas con vino. En principio es importante que se elija un vino blanco o vino tinto para cocinar de la mejor calidad posible. Lamentablemente, es bastante común que a la hora de cocinar algunas personas usen vinos de baja categoría –ya sea muy astringentes y ácidos-, o muy salados-; y esto naturalmente se va a notar a la hora de probar el plato que se prepare. Con lo cual la primera recomendación es seleccionar vinos que realmente se disfrutarían al tomarlos por sí mismos.

Vino para Cocinar

Ahora bien, como tema general, ¿qué sentido tiene cocinar con vino? Si bien el vino se usa siempre como complemento y para acompañar, lo cierto es que las comidas con vino adoptan sabores y texturas especiales. Por otro lado, a esta bebida espirituosa también se la puede usar como un ingrediente extra en los preparados.

Entre las funciones importantes del vino para cocinar cabe destacar las de aglutinar sabores, marinar y caramelizar. A continuación, nos detendremos un poco más en cada una de estas funciones, lo que naturalmente se podrá profundizar en nuestros cursos de gastronomía.

Decimos que el vino es un ingrediente que aglutina en la medida en que permite unir los distintos sabores de una comida y además facilita el desprendimiento del aroma de los diferentes ingredientes.

Además, el vino sirve para marinar alimentos antes de la etapa de cocción. Este paso permite suavizar sabores y enfatizar aromas, y es habitual que en esta instancia al vino se le sumen especias, frutas y hortalizas. Por ejemplo, es bastante frecuente que se recurra al marinado de la carne que se obtuvo en una jornada de caza, a efectos de suavizar la acidez que puede quedar como producto de la muerte violenta.
Además, el vino para cocinar también se emplea para caramelizar jugos de asados o salteados, a efectos de incorporarlos a alguna salsa, por ejemplo.

Comidas con Vino Tinto

Por otro lado, para responder a la pregunta de para qué sirve cocinar con vino, también resulta interesante detenerse a evaluar qué puede aportar un vino a una comida. En tal sentido, debe distinguirse en función de las particularidades de cada vino: por ejemplo, un vino reserva aportará sutiles toques de coco, vainilla y madera; en cambio los vinos que fueron almacenados en barrica poseen influencias más cercanas a alguna especia, siempre dependiendo de su singularidad.

Por otro lado, obviamente no será lo mismo preparar comidas con vino tinto, que una comida con vino blanco o rosado. El tinto está especialmente indicado para preparar salsas de tono oscuro, o para elaborar carnes u otras comidas con alto contenido proteico, ya que son las proteínas las que en última instancia absorberán una porción considerable de la astringencia y la coloración del tinto.

En todos los casos, la indicación es aguardar a que se evapore el alcohol del vino, para lo cual lo apropiado será verterlo cuando se inicia la cocción.

Por lo demás, cabe destacar que el efecto del vino sobre los sabores se verá recién después de unos quince minutos en el fuego. Las buenas prácticas sugieren cocinar con vino a fuego lento, para que no se dañen las propiedades de esta bebida.

Luego, para cada tipo de preparación convendrá utilizar un tipo especial de vino, tanto en lo que concierne a su estilo como a su longevidad. Esos tips más específicos para cocinar comidas con vino se ven en detalle en nuestros cursos de gastronomía.

Los argentinos somos muy “amigueros” y las salidas a bares, boliches y pubs para charlar, danzar y compartir tragos constituyen una de las pasiones de personas de muy diferentes edades. Obviamente al seleccionar 10 tragos típicos y clásicos elegidos por argentinos se corre el riesgo de caer en reduccionismos algo injustos. No obstante, nos parece un lindo juego este de intentar determinar qué tragos o cócteles son los más populares en Argentina.

Para captar este interés por los cócteles y tragos, los pubs, bares y discos que buscan convertirse en epicentros de las noches Argentinas contratan bartenders experimentados. Pero, más allá del sello propio que puedan darles estos expertos a sus creaciones más personales, hay algunos tragos y cócteles que no pueden faltar en una barra donde se nucleen argentinos de distintas generaciones.

Tragos Más Populares en Argentina

Entre los cócteles más populares en Argentina hay uno que sin dudas pica en punta: el daiquiri de durazno, ananá o frutilla. Es uno de los favoritos del público femenino. Mucho mejor si se sirve bien decorado, con pulpa de frutas y en copas elevadas.

Y si hablamos de clásicos, a esta altura el fernet cola con mucha espuma y hielo es indudablemente una marca de identidad argenta, y cuenta entre los tragos populares de Argentina. Por su fuerte arraigo en múltiples estratos sociales, este trago amargo con sabor a hierbas es a todas luces un “must be” hoy en las discos, boliches, bares y pubs de todo el país.

Quizás por sus reminiscencias playeras, o por el amor secreto que los Argentinos manifestamos por la alegría brasileña, la caipirinha es otro clásico que sigue en el top ten de los tragos más populares en Argentina, ya sea que se lo prefiera con cachaça o con vodka. Ahora bien, a este trago no le falta competencia, ya que actualmente muchos argentinos prefieren refrescarse con un mojito bien servido, con su correspondiente ramita de hierba buena o de menta.

Pasarán los años, pero el gin tonic con una rodajita de limón claramente quedará como un trago que a los argentinos de los distintos niveles etarios les recuerda al verano, y por eso lo toman durante todo el año. ¡Otro clásico que se toma en múltiples variedades y que merece estar en toda lista de los 10 tragos típicos y clásicos elegidos por argentinos!

Cócteles más populares en Argentina

En los boliches el trago que hace furor es indudablemente sex on the beach. La combinación de vodka con naranja, arándanos y durazno da como resultado un trago perfecto para desinhibirse y ganar las pistas de baile.

Otro cóctel dulce y fresco que ganó relevancia en los últimos años –para quitarse la sed, pero sin caer demasiado rápidamente en las garras de la embriaguez- es garibaldi. Combina campari y jugo de naranja más una rodaja y azúcar para decorar.

Ron con cola más limón es igual a cuba libre: este trago también es un clásico que tiene muchos fanáticos en nuestro país.

Spritz es otro trago muy elegido y que aporta glamour: combina vino espumante, limón y bitter con soda.

Otro clásico inoxidable es negroni: en su versión original conjuga vermú más gin más bitter, aunque con los años fueron apareciendo múltiples variaciones que suman diferentes especias.

Si bien no podríamos decir que cuente entre los tragos más populares en Argentina, al julep corresponde destacarlo porque últimamente también se puso muy de moda. Es un mix amargo y fresco que conjuga bitter, menta y pomelo y que está ganando popularidad a pasos agigantados.

Más allá de estas variantes concretas que destacamos, en los bares y pubs del país se redescubren distintos tragos populares de Argentina de antaño, como Clarito y Pato. Y también hay una tendencia a sumar ingredientes muy argentos en los cócteles y tragos, como la yerba mate, las frutas de estación y hasta el malbec.

La historia del vino argentino está muy vinculada con la etapa de la conquista. Los colonos españoles fueron los que trajeron sus prácticas agrícolas relacionadas puntualmente con la vitivinicultura, y con ellas los saberes ligados a la vid y su cultivo.
Los primeros registros de presencia de la vid en la región sudamericana se remiten al siglo XVI: promediando esa centuria llegaron especies de vid a Perú (Cuzco). De allí, pasaron a territorio chileno y los textos de historia de la vitivinicultura argentina indican que luego se introdujeron y propagaron por las zonas noroeste, oeste y centro de nuestro país.
Por otra parte, la leyenda del vino argentino está vinculada con dos consumos y usos iniciales: el de los soldados –que recurrían a las pasas y al vino por su condición calórica-; y el de los misioneros católicos, que cultivaban la vid cerca de los monasterios para tener vinos para la misa y demás celebraciones religiosas. De hecho, los miembros de la orden jesuita destacaban los vinos de Cuyo por su fortaleza y generosidad, y por su capacidad de viajar largas distancias sin arruinarse.
Las áridas tierras de las provincias de San Juan y Mendoza fueron el foco donde se localizaron los viñedos iniciales, allá por los años 1570 a 1590. Con el tiempo esas primeras experiencias de producción de vino darían lugar al poderoso despliegue de la vinicultura argentina, haciendo que esas regiones semidesérticas se llenaran de verde y de vida.

Historia de la Vitivinicultura Argentina

En esas provincias lindantes con la cordillera de los Andes, el clima y las adecuadas propiedades del suelo hicieron que la actividad despuntara y tuviera un desarrollo bastante veloz, al punto que la historia del vino argentino indica que ya para comienzos del siglo siguiente la producción fuese lo suficientemente importante como para salir a buscar nuevos mercados –básicamente Buenos Aires-.
El año 1853 marcó un hito para la historia de la vitivinicultura argentina: mientras la Constitución nacional le daba un nuevo marco organizativo al país y arribaba el ferrocarril con su empuje transformador, se fundaba en el país la escuela de Agricultura y se dictaban leyes de tierras y aguas que condujeron a la formación de colonias. Muchas de ellas fueron conformadas por europeos que traían al país su conocimiento técnico para el manejo de los viñedos y también variedades de vid para elaborar productos ya de mayor calidad (vinos finos).

Cuando el siglo XIX arribaba a su fin, por otra parte, empezaron a usarse barriles de madera a gran escala. Ya por entonces el ferrocarril llegaba a Buenos Aires y Mendoza se transformó en el centro vitivinícola clave del país, aunque en otras zonas –San Juan, La Rioja, Salta, Catamarca- también se evidenciaban desarrollos relevantes.
Inicialmente en el país se cultivaban las variedades de uvas criollas –tintas y blancas-. Pero en 1860 llegaron las primeras uvas malbec al país –concretamente a Mendoza, donde se creó la primera escuela de vinos-. Luego, con los años fueron llegando otras cepas como cabernet, chardonnay, merlot, semilion y pinot.

Leyenda del vino argentino

Durante la primera etapa del desarrollo de la vinicultura en el país, la producción se orientaba mayormente hacia el mercado interno. El típico vino común de mesa se instaló como un ícono de las reuniones de las familias argentinas y llegó incluso a configurar una suerte de marca identitaria. La caída del consumo per cápita llevó a una crisis a comienzos de la década de 1980, que se tradujo en la pérdida de amplias tierras de viñedos. En parte esa producción se recuperó una década más tarde, pero ya con variedades de uva más sofisticadas en un contexto donde el consumo promedio había caído notablemente en el país.

Hoy la Argentina es un importante productor de vinos, con productos reconocidos mundialmente por su calidad y con más de una escuela de vinos. En 2019 nuestro país exportó casi 313 millones de litros, una cifra 13,3% superior a las ventas de 2018. De ese total, el 61% fueron vinos fraccionados, y el 39% vinos a granel. Con respecto a las categorías, el 67,5% de lo exportado correspondió a varietales.
A nivel de consumo interno, durante los diez primeros meses de 2019 el vino creció 1,4%, en un contexto en el que otras bebidas –como licores, gaseosas y cervezas- experimentaron caídas.