Hacer medialunas ricas y de manera veloz es una aspiración de muchos aficionados a la cocina. Y no es para menos: elaborar esta deliciosa factura siguiendo la receta tradicional puede resultar bastante complejo y demandar mucho tiempo. Por eso hasta los más afectos a la producción culinaria artesanal y casera muchas veces terminan cediendo a la tentación de comprarlas en la panadería. Y esto hasta cierto punto tiene su lógica.
Pero antes de ceder a esta tentación, les invitamos a probar esta receta sencilla sobre cómo hacer medialunas caseras que se puede resolver en tres simples etapas. Se trata de una receta que proponemos en el marco de nuestro curso de panadería que permite elaborar medialunas deliciosas, blandas por dentro y crocantes por fuera. Es una receta súper práctica que, aunque tal vez no siga las pautas convencionales, ayudará a paliar con éxito el deseo de comer este manjar sin tener que dedicar varias horas a su elaboración.
Como veremos, no es precisamente una receta de panadero sobre cómo hacer medialunas de manteca, ni de grasa, ya que en este caso ¡no usaremos ni grasa ni manteca! Y aún así, ¡podremos hacer medialunas exquisitas!.
La principal ventaja de esta receta que indica cómo hacer medialunas caseras fáciles es que no exige realizar el empaste mantecoso sobre la masa, que tanto se jactan de dominar algunos reposteros, pero que en los hechos termina haciendo que la tarea se torne larga y poco menos que ciclópea. ¡Y otra ventaja es que con los ingredientes que detallaremos debajo se pueden elaborar un buen número de madialunas!

Ingredientes
350 gramos de harina 0000.
150 cc de leche.
40 gramos de levadura fresca.
2 huevos.
Ralladura de limón.
Esencia de vainilla (1 cucharadita).
Azúcar (1 cucharadita).
Aceite neutro (1 cucharadita).

La receta, paso a paso
Etapa previa a la fermentación
En esta etapa, que es anterior a la elaboración de la masa, lo que se busca es cerciorarse de que la levadura tendrá el efecto esperado. Hay que colocar leche tibia en un bol, se agrega una cucharada pequeña de harina y otra de azúcar. Y luego se suman unos 15 gramos de levadura. Se mezcla y cuando se logró la unión de todos los elementos se tapa el bol y se deja descansar la mezcla unos 15 minutos. El resultado esperable es la formación de espuma.

B- Elaboración de la masa
Ponemos la harina 0000 en un bol de dimensiones mayores y realizamos un hueco en el centro. Ubicamos allí la leche, un huevo, una cucharadita de aceite neutro y el azúcar. Luego comenzamos a unir todos estos elementos con la harina, desde el centro hacia el perímetro. Mientras armamos la masa agregaremos la ralladura de limón y la esencia de vainilla (apenas un chorrito). Por último, antes de completar el armado de la masa, sumaremos la espuma de levadura que elaboramos en el paso A.
Seguidamente nos ocuparemos de mezclar bien los ingredientes hasta que la masa adquiera la forma de bollo. A continuación desplegaremos el mismo sobre la mesada y lo amasaremos como corresponde. En caso de que noten que la masa se encuentra demasiado pegajosa, se podrá sumar algo de harina; caso contrario, si está demasiado seca, se podrá sumar algo de leche.
Una vez que el bollo esté listo y no presente rugosidades, se lo deberá dejar tapado durante una hora en situación de reposo (mejor si el lugar tiene una temperatura tibia).
Una vez que el bollo duplique sus dimensiones, se lo amasará un rato más a efectos de quitar el gas de la masa. Y luego lo estiraremos con un palo de amasar, para lograr que la masa quede lo más fina que se pueda.

Dar forma a las medialunas
En esta etapa cortaremos la masa en dos grandes tiras, usando un cuchillo liso. A partir de esas tiras cortaremos una serie de triángulos. Tomaremos alguno de estos últimos desde la base (colocando los dedos en cada uno de los ángulos). Y luego enroscaremos la masa desde la base armando un rollito hasta la punta del triángulo. Por último, a cada rollito tocará darle forma de medialuna.
Con todos los triángulos obtenidos a partir de nuestra masa, repetiremos este último proceso. Y finalmente, cuando todas las medialunas estén conformadas, las colocaremos en una fuente para que reposen una vez más y tengan su segunda instancia de levado. Una vez que dupliquen sus dimensiones, las pintaremos con huevo y las hornearemos a 180º. Y cuando estén doradas, las retiraremos del horno.

¡Eso es todo! Y ahora, ¡solo queda relamerse con estas exquisitas medialunas caseras!

Durante el año 2018 en la Argentina se consumieron 20 millones de hectolitros de cerveza. La cadena integral de este producto facturó $ 39.737 millones, lo que equivale al 0,5 por ciento del PIB nacional. El consumo anual per cápita se situó en los 45 litros, muy cerca del nivel máximo alcanzado en 2011 (que fue de 45,5 litros). Ahora bien, durante los últimos años, en el país muchas personas comenzaron a sofisticar su consumo, y se volcaron a investigar las cervezas artesanales.

El mayor interés es en las variedades artesanales, la realidad es que no mucha gente conoce cómo está conformada esta bebida tan popular que es la cerveza. Por ejemplo, pocas personas conocen los diferentes tipos o clases de malta que existen para hacer cerveza comercial y artesanal-, o qué ingredientes son los esenciales para fabricar esta bebida. Salvo que sean personas que, dado su interés en producir, se hayan ocupado de hacer un curso de cerveza artesanal, por caso.

Al respecto conviene empezar por decir que la cerveza que muchos disfrutamos, en sus diversas variedades, no sería lo mismo sin la malta. De hecho esta última es un componente fundamental, en la medida en que le aporta tanto el característico aroma y color, y que además define varios aspectos del cuerpo y el sabor de la cerveza.

Naturalmente, el elemento más importante dentro de la conformación de toda cerveza es el agua. Pero la malta es un ingrediente clave. A su vez la malta puede estar conformada por granos de diferentes cereales que se intervienen justamente mediante un proceso de malteado.

Ahora bien: ¿qué es lo que aporta la malta? En principio el azúcar que la levadura aprovechará para fermentar. Y por otra parte sus granos aportan las necesarias proteínas que le darán estructura a la espuma.

Lo más frecuente es que se use cebada para elaborar malta. Por ello mucha gente retiene la información de que en general se usa cebada para hacer cerveza (aunque en rigor de verdad también habría que decir que existen diferentes tipos de cebada para cerveza). Pero la realidad es que también pueden maltearse otra clase de granos, como la avena, el trigo o el centeno.

El proceso de malteado presenta diferentes etapas. Primero se deja germinar el grano hasta que se activan las encimas y se elaboran azúcares a partir del almidón; luego se deshidrata el grano; y finalmente se tuesta.

Clases de malta para cerveza

No todo el mundo sabe que no hay una única malta, sino que existen diversas clases de malta para cerveza que obviamente presentan características singulares. Con su aporte, los diferentes tipos de malta para cerveza definen la personalidad y el estilo de las cervezas que consumimos.

A continuación, proponemos repasar las principales características de los tipos de malta para cerveza más populares.

Por ejemplo, la pilsner es la malta más suave. Su aporte le otorga a la cerveza tonos dulces y un particular toque granulado y algo tostado que se observa sobre todo en las cervezas alemanas y belgas.

Semejante a la pilsner, la malta tipo pale se suele emplear en las cervezas del estilo ale. Se distingue por tener un mayor tiempo en el horno, con lo cual ofrece un gusto intenso más cercano al del pan. Puede usarse en cervezas tipo IPA, stout y porter.

La vienna es una malta con tonalidad más oscura que la pale. Y su textura es más granosa. Por lo tanto, es muy frecuente que se la emplee para elaborar cervezas como la oktoberfest, o la bock –es decir, birras del estilo amber-.

Y si hablamos de maltas oscuras, la malta múnich duplica a la vienna, aún cuando su tono ámbar pueda llevar a confusiones. Se diferencia por su gusto acaramelado con tonos de nueces y tostado. Y por lo común se la utiliza para fabricar cervezas algo más pesadas.

Las maltas que vimos hasta aquí -múnich, vienna, pilsner y pale ale- entran dentro de la categoría de maltas base, que son las más claras. ¿Por qué razón? Porque los granos (que pueden ser de cebada, o de trigo) se hornean durante un lapso de tiempo más reducido y a menores temperaturas. De todas formas, ya hemos visto que las variedades vienna y múnich son algo más oscuras que el resto.

Malta para Hacer Cerveza

Si algo distingue a las cervezas porters, stouts y ales inglesas, es el uso de maltas caramelo. Este tipo de maltas también pueden usarse en birras dark ales, y en otras más ligeras del tipo pale ale. Si bien existen diversas variantes, como regla general las maltas acarameladas aportan color y dulzor en las cervezas.

Cuando se desea lograr que la cerveza tenga un gusto más pesado y fuerte –por ejemplo en cervezas porters y stouts-, se usa malta de chocolate. ¿Por qué razón? Porque esta malta aporta un suave toque amargo, bastante próximo al del cacao.

Por su sabor tostado y profundo y su color oscuro, la malta roasted barley es muy empleada para elaborar birras tipo stout, o eventualmente porter. Por ejemplo, una cerveza que la emplea es la Guiness. Y también otras stouts que tienen la típica impronta irlandesa.

La condición altamente proteica de la malta de trigo, por su parte, aporta sabores fuera de lo común en las cervezas, plenos y ricos, y genera una espuma muy cremosa. No obstante, la malta de trigo también suele aportar un tono algo turbio.

En cambio la malta de centeno –planta resistente si las hay- se emplea en lugares muy fríos, donde se viven crudas condiciones climáticas. Por ejemplo su uso es típico en las cervezas finlandesas o rusas, que tienen su particular sabor especiado.

Por su capacidad para dotar a la cerveza de una textura exaltada, entre sedosa y cremosa, la malta de avena también se hace un lugar en cervezas pale ale y tipo stout. Su desventaja es que presenta niveles elevados de proteínas, aceites y grasa.

La malta negra, por su parte, aporta su singular toque amargo y equilibra el dulzor de toda cerveza para generar un sabor más complejo y profundo, que se busca en ciertas cervezas de autor.

En virtud de la gran competencia que representa el mate, los argentinos consumimos apenas 1 kilogramo de café por año. Para comparar, basta decir que los chilenos, por ejemplo, consumen hasta 6 kilos en cada ciclo anual. El consumo de los compatriotas equivale a unas 207 tazas de esta preciada bebida por año, que como bien sabemos acompaña muy distinto tipo de experiencias y momentos, y reconforta el cuerpo y el alma.

El café que se toma en el país es principalmente molido (50%), en menor medida de grano y todavía menos de cápsulas (15%); por su parte el café instantáneo acapara un importante 20% del mercado.

En el pasado era común que en la Argentina el café se tomara fuera de la casa, pero en la actualidad es más frecuente que se lo haga en el hogar, al punto que hoy el 65% se bebe en las casas.

En efecto: entre los argentinos preparar café en casa es un hábito cada vez más arraigado. No obstante, con el surgimiento de locales y cadenas que ponen el foco en diferentes variedades de café del mundo, en el país el consumo se está sofisticando y ya no se toma solamente cortado.

La paulatina sofisticación, el mayor interés por explorar variedades y sabores de origen y el importante volumen de consumo hogareño, hacen que valga la pena aprender a preparar café en casa. Al tratarse de un placer cotidiano y de una bebida de preparación sencilla, vale la pena sumar un poco de conocimiento y creatividad, de modo tal de poder gozar de ella de manera más plena. De hecho, son pocas las personas que saben de dónde proviene el café, y cuáles son sus matices o singularidades, lo cual sí ocurre con otras bebidas como la cerveza o el vino, por caso.

Para gozar plenamente del consumo, el conocimiento aporta muchísimo. Obviamente siempre está la posibilidad de hacer un curso de café que nos permita profundizar en los pliegues y misterios de esta fantástica bebida, y de sus innumerables variedades. Pero como alternativa al menos conviene seguir algunas pautas básicas que indican cómo hacer un buen café con o sin espuma en casa.

Sin Azúcar
El café, lejos de ser una simple bebida estimulante, puede brindar sabores de gran complejidad. Y como además ofrece aromas sensacionales, es un deleite tanto para el cuerpo como para el espíritu. Y si hablamos de cómo preparar un buen café en cafetera, por ejemplo, hay una pauta muy básica y que sin embargo rara vez se cumple en la Argentina-: si el café es de buena calidad, no requiere azúcar -y de hecho no se le debería agregar-.

Otra sugerencia esencial pasa por conseguir una moka o cafetera profesional para casa de origen italiano, que hará una diferencia importante a la hora de preparar esta bebida.

Por otro lado, para que el café tenga el mejor sabor lo apropiado sería evitar las consabidas variantes que se presentan como mezcla, y en cambio elegir la variante de café arábica, que presenta un toque de acidez y que deja un gusto dulce en boca luego de que se lo toma. Esta clase de café cuenta entre las especies con mayor antigüedad y al ofrecer un sabor y un aroma más delicados, suele ser más cara. Además esta variante arábica es perfecta para tomar sin azúcar ni leche –todo lo contrario de lo que sucede con la variante robusta, que al ser amarga y fuerte, requiere de combinaciones-.

Agua sin Hervir
El café está conformado en un 90% por agua. De tal manera cabe indicar en principio que la calidad del agua puede afectar en mucho el sabor del café: en general se recomienda que la misma sea mineral, ya que la de la canilla puede contener cloro y otros químicos que pueden dar lugar a alteraciones importantes.

Por otra parte, está claro que el agua de un buen café debe estar caliente, por supuesto. Pero no tiene que hervir. Lo ideal es colocar agua en el depósito de la cafetera hasta el nivel de la válvula, y poner a calentar solamente la sección del depósito de agua del aparato, sin la parte de arriba ni el filtro. Y debe tenerse especial atención en no permitir que el agua hierva: lo ideal es apartar el aparato cuando arranca el burbujeo leve.

Mejor en Grano
Lo más recomendable es elegir café en grano –que por cierto se debe conservar en un sitio opaco, seco y fresco-. Y molerlo en el instante preciso en que se lo va a preparar.

El café en grano tiene una ventaja clara sobre el resto: conserva el aroma y el sabor de un modo superior. La sugerencia es incorporar un molinillo en el hogar, e ir moliendo los granos mientras el agua se calienta, hasta conseguir una textura consistente. Lo ideal es que la molienda no sea ni muy gruesa ni muy fina (por ejemplo, la textura puede asemejarse a la que tiene la arena en las playas). Y en cada molienda convendrá usar solo de 5 a 7 gramos de café, ya que esta moderación permitirá que las propiedades de sabor y aroma se conserven de manera óptima.

Sin tapa y a fuego lento
Cuando los granos de café ya estén convenientemente molidos, se los podrá ubicar con el filtro pero sin usar la tapa que cierra la cafetera. Se llenará el filtro hasta arriba, aunque sin aplastarlo ni prensarlo; en cambio se deberá efectuar un agujero en el centro, para hacer que coincida con el sitio donde la moka tiene el tubo. Esto permitirá que el café tenga más crema y salga antes. Una vez completado este paso se colocará el aparato a fuego lento sin la tapa, ya que una cafetera abierta permite que el agua y el café tengan más tiempo para entrar en contacto mientras la primera se calienta, lo que le otorgará mayor sabor a la bebida; además, sin tapa se permite que el café “respire”. Luego de 1 minuto y ½, recién cuando la cafetera comience a emitir el sonido que la caracteriza y empiece a salir el café, se podrá tapar el aparato y se lo apartará del fuego.

Dejar reposar
La indicación siguiente es permitir que el café repose en la cafetera tapada durante al menos 1 minuto, de modo tal que se asiente. Durante ese lapso podremos disfrutar de su espectacular aroma, como paso previo a su degustación. Otro dato es que antes de servir la bebida, convendrá que la taza tenga algo de temperatura. Y luego, habrá que tomarlo de inmediato –no guardarlo (ya que esto lo oxida), y jamás recalentarlo. Beberlo en el momento es lo que permitirá que el sabor del café se manifieste en todos sus matices.

He aquí entonces algunas pautas sencillas de cómo hacer un buen café en casa. Por último, como regla general siempre es recomendable tomar café en momentos oportunos y sin abusar, de modo tal que sea un verdadero placer y no un consumo ansioso.